Jaime Costero Denche – viaje en moto a Marruecos Marzo 2016

Camino del Estrecho

Hoy comienza mi viaje en moto a Marruecos. La idea es simple: coger un ferry desde Algeciras que me llevará directo a Tánger. Desde allí viajaría al Sahara pasando por ciudades como Chefchaouen y Fez.

Una vez en las arenas de Merzouga, cruzaría la coordillera del Atlas por las gargantas del Dades y del Todra, para pasar por la ruta de
las Kasbash, hasta Marrakech. Una vez allí empezaría mi viaje de vuelta por Casablanca, y Rabat, de nuevo hasta Madrid.

01 02En mi primer día, planeo salir de Madrid y llegar a Algeciras. Salgo a las 10:30 de la mañana, y empiezo a rodar por la carretera dirección Córdoba. Viajando, me doy cuenta de dos cosas, que todo está unido. Si, si. Puede parecer simplista pero la idea de llegar poco a poco, paso a paso a un lugar es muy real en moto. En coche nunca tuve esta sensación. Este pensamiento te lleva inevitablemente a la idea de cuán idiotas son esas líneas que los humanos pintamos en los mapas, y de la importancia que *sólo* para nosotros tienen.

Que viajar en moto por carretera es un verdadero coñazo. Y es verdad. En realidad esto ya lo sabía…o lo intuía al menos. Y es que si soy honesto conmigo mismo la forma de viajar en moto que yo siempre he soñado era sobre una moto de enduro. Dicho de otra forma; yo no soñaba con viajes en moto a lo Miquel Silvestre o a lo Charly Sinewan, lo mío eran los viajes a lo Adam Riemann. Pero lo cierto es que en el mundo real, para un viaje así haría falta mas pasta, mucho mas tiempo, y muchísimas más agallas.

Prosigo mi viaje, y paro en Granada. Uno no deja de asombrarse cada vez que se acerca a Sierra Nevada, gobernando la gran meseta, impasible, blanca. Uno entonces entiende por qué allí se estableció la capital del reino nazarí, por qué allí se construyó la famosísima fortaleza roja, y uno entiende que este fuera el último lugar del que los musulmanes quisieran desprenderse cuando abandonaron la península allá por 1492.
Continúo camino a Algeciras, me empiezo a encontrar cansado. Agotado más bien…No, no es eso. Es monotonía. La monotonía me está matando, pero pronto diviso el mar, y eso me levanta el ánimo. La verdad es que estas poblaciones costeras (Mijas, Fuengirola, Marbella…) son algo que nunca me han gustado. Son algo masificado y cutre. No he llegado nunca a entender cómo alguien que vive en una ciudad decide ir “a desconectar” a uno de estos lugares. No obstante, la visión del mar, y la brisa merecen la pena.
Paro a recolocar la cámara del casco cerca de una chica muy guapa, sentada en una rueda bajo una señal de tráfico. La saludo, y ella me sonríe. Me pregunta que dónde voy y que si necesito algo. Le cuento sobre mi viaje a Marruecos, y ella me da coba. Cuando acabo de colocar la cámara, me despido y me voy. Continúo por la carretera y veo más chicas…si…no me había dado cuenta. Era una prostituta. En fin…ya no queda nada para llegar a Algeciras. Cuando llego, busco un lugar donde dormir cerca del puerto y encuentro el Hostal La Plata. Es simple, pero tiene lo que necesito. Su dueño, muy simpático, hablamos un poco de todo y me subo a la habitación. Hoy duermo por 30 euros, 20 por mi, y 10 por la moto que dormirá en un parking enfrente del hostal.

Tengo ganas de ver qué ocurre mañana, estoy muy feliz. Lo desconocido me causa cierto nerviosismo, pero no puedo negar que estoy disfrutando como un enano.


La Ciudad Azul y Verde

Son las 6:16 de la mañana cuando me despierto en Algeciras. Recojo la moto y me dirijo al puerto. Los policías de aduanas me preguntan por mi viaje, más por curiosidad que por otra cosa. Me advierten sobre la policía marroquí, que intentarán multarme por cualquier cosa.

Entro en el barco y una pareja de portugueses me ata la moto. Una vez subo a la planta de arriba me doy cuenta de que soy el único europeo. Me sellan el pasaporte y subo a cubierta para ver el estrecho. Es curioso, no es la primera vez que lo veo, pero esta vez me parece mas pequeño que antes. La otra vez lo vi desde el aire cuando visité Marrakech con mi madre en 2014. Es como si estos 14km de agua que separan Europa de África hubieran encogido desde la última vez.
Hablo con un marroquí que me quita la idea de ir a Fez pasando por Chefchaouen en un solo día. Dice que la carretera es muy mala. Pronto comprobaré que no es para tanto. Este también me advierte sobre que los marroquís ven a los europeos como enormes monederos llenos de dinero. Me cuenta que el gran problema de su país es que la gente no busca más que vivir al día, que no hay más aspiraciones y que su único objetivo es llegar a mañana sin pasar hambre.
Salgo del barco, y tras arreglar los papeles salgo a la carretera. Hay dos opciones: Tetuán o Tánger. Me dirijo hacia Tetuán, la señal marca 50km. Pasados apenas unos metros hay otra señal que indica Tetuán: 38km. Me río, esto es así.
La verdad es que el paisaje es una verdadera pasada. En la carretera no voy sólo, me acompañan burros, cabras, tractores y algún que otro coche. Me cruzo con varias furgonetas cuyos dueños se han empeñado en cargar hasta reventar y apenas circulan a 20km/h.

03 04 05Al fin, entre las montañas veo Chefchaouen: “la que mira los cuernos de la montaña”. Al llegar, como unos huevos fritos con un embutido muy raro que sabe a mortadela, y me pongo a buscar un hotel. Tras ver varios, encuentro uno en que pueden guardarme la moto en el patio trasero: el Al Kazaa. Por 150 MAD (13€) dormimos la moto y yo, a las puertas de la medina. Me cambio y voy a verla.

07

Chefchaouen ciertamente tiene algo mágico. Fundada en 1478, su población original la componían exiliados de Al Andalus (musulmanes y judíos), razón por la cual su medina se parece a muchos pueblos andaluces. Pero esta es azul, color que dicen se usaba para espantar a los mosquitos.
Chefchaouen además se considera “Ciudad Santa”, y hasta hace mas bien poco, la entrada a los cristianos estaba prohibida. Ahora no. Ahora los cristianos están por todas partes. La representación que aquí hemos mandado desde Europa la constituyen un ejército de nuestros mejores fumadores de porros. Y es que aquí, están las mayores plantaciones de cannabis del mundo. Su cultivo es legal, lo que no lo es es hacer hachís. No obstante no faltan las ofertas para ir a ver las plantaciones de marihuana y el proceso del hachís. Te lo venden como si de una visita al Museo Vaticano se tratara.
La ciudad es azul, muy azul. Pero tiene su lado verde.


La Montaña y el Desierto

Había leído que llegaba a Marruecos en mitad de una gran sequía y que esta había encarecido enormemente el precio del trigo. El artículo de Bloomberg decía que las lluvias habían sido en estos dos primeros meses del año, un 77% menores de lo habitual, y que la cosecha de trigo ya era un 15% menor que la de otros años por estas fechas. A este paso, se estimaba que en 2016 la producción de trigo cayese a menos de la mitad de la que fue el año pasado. Esto es un verdadero problema para Marruecos por dos motivos:
Marruecos es el segundo productor de trigo de todo África, y con esta caída de la producción su PIB se desaceleraría 1.2 puntos porcentuales (desde el 3.8% que creció Marruecos en 2015).
Estas gentes comen a fuerza de pan y si sube el precio del trigo lo pasan verdaderamente mal. De hecho estas gentes consumen tres veces mas trigo que la media mundial. Y doy fe, hasta la sopa la comen mojando pan. Esto preocupa hasta al rey, Mohamed VI, quien dicen ha pedido a su pueblo que rece para conseguir lluvia.
Yo miraba a mi alrededor y no paraba de pensar que yo esto no lo veo seco. Lo veo muy verde, y el pan muy barato (un pan grandote no llega a 30 céntimos)… pero es que aún me encuentro en el Rif, y muy pronto descubriré que el desierto se encuentra a pocos km de mi.
Me paro a escribir estas líneas (que voy escribiendo según se me ocurren las ideas) en un lugar lleno de arboles. Un viejo pastor me mira desde el otro lado de la carretera mientras yo bebo un Red Bull. Me hace un gesto preguntándome que si le doy, y asiento. Aunque el hombre no esta para muchos trotes, cruza la carretera. Le regalo la lata y me sonríe como un niño. Se queda tan contento y se va con la lata sin probarla. Vuelve a cruzar la carretera y cuando llega al otro lado le da el sorbo detrás de unos arboles. Le oigo toser y escupir. No le ha gustado el Red Bull.

08Continúo por esta carretera estrecha y llena de agujeros que lleva desde Chefchaouen hasta Fez pasando por Ouezzane. Tengo que reconocer que ir por esta carretera ha sido una de las mejores experiencias de viaje que he tenido nunca. La carretera tiene sus agujeros, y la velocidad media apenas pasa de 60km/h, pero cuando te paras, las cosas suceden solas.
Paro y hablo con un chico que lleva un burro. Le digo que se venga conmigo con la moto a Fez y se ríe. Un poco más adelante me paro a hacer una foto y me veo rodeado de niños. Les encanta la moto, pero quieren algo más: que les regale un lápiz. Los niños aquí no piden videoconsolas ni juguetes complicados. ¡Piden un simple lápiz! La sensación que me viene me produce un déjà vu de cuando viví en Sri Lanka. La desigualdad de oportunidades que hay en este mundo es enorme, y esto lo tenemos al lado de casa. Lo primero que se me pasa por la cabeza es comprar un puñado de lapices para regalárselos al primer grupo de niños que encuentre en mi camino. Pero eso no solucionaría las cosas. Sólo conseguiría que vean a cada extranjero como un proveedor de regalos, y eso no ayuda ni al extranjero, ni a ellos.

10 11
Sigo por la carretera y el paisaje comienza a cambiar, cada vez está mas seco. Me impresionan unas montañas rojizas que se sobreponen a algo parecido a un oasis. A pocos km de allí está Fez. Al llegar, lo primero que hago es buscar alojamiento para mi y para la moto. Voy de un lugar a otro buscando un hotel cercano a la medina en que pueda guardar la moto. Pero en la mayoría no tienen donde guardar la moto y no pienso dejarla en la calle en una ciudad grande como Fez. Después de casi una hora dando vueltas, decido pagar un poco más: 35 euros por una habitación con garaje dentro de la medina. El hotel es una verdadera pasada, uno de esos hoteles a los que podría llevar a mi madre. Cuando lo veo, el precio que me han hecho me parece hasta poco, y en booking.com lo anuncian a casi 50 euros por noche: el Blue Sky Hotel. Vaya una aventurero de pacotilla…
Me cambio y salgo a ver Fez. Fez es la tercera ciudad de Marruecos (tras Casablanca y Rabat) y es además la capital espiritual de Marruecos (de hecho no es raro ver a gente descalza por la medina por esta razón). Tiene 1.200 años y se divide en tres zonas: la zona nueva, la zona vieja (medina) y la zona francesa (que no se dónde está). La medina de Fez es la mayor zona peatonal del mundo y la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad en 1981. También es uno de los mayores emplazamientos medievales del mundo. A mis ojos es un gran zoco, curioso de visitar para quien no haya visto nunca esto, pero sin mucho que ofrecer. La verdad, a su favor habría que decir que es más auténtico que Marrakech. Aquí está la universidad más antigua del mundo (a la que no se puede entrar porque es ahora una mezquita), una curtiduría de piel muy famosa (en la foto) y un lugar restaurado muy bonito que nadie tiene ni idea de qué es.

Me doy varias vueltas por las calles de la medina. Me encanta este ambiente, aquí se vende de todo, desde caracoles hasta losas talladas de mármol. Cada uno contribuye con lo que sabe a este mercado que es una locura. Veo las enormes murallas y me voy a cenar. Un tajín, un zumo y un té por 35MAD, un poco más de 3€. Aquí se regatea con todo, y el hecho de que entres a ese juego, a los marroquíes, les encanta.


Hielo y Arena

Salgo de Fez muy temprano, aquí amanece sobre las 6, así que paso del desayuno que me ofrecen en el hotel ya que me espera la ruta mas larga de mi viaje. El trafico es apabullante, ¡y me quejaba yo de la hora punta en Madrid!
Me dirijo a Ifrane, un pueblo al que se le conoce como la suiza marroquí. Aquí empiezan las montañas del Atlas, y hace un frío que pela. Empiezo a ver nieve a unos 50km de Fez, y me produce la primera ruptura del estereotipo que tenemos de Marruecos. Aquí también hay montañas verdes, y nieve, mucha nieve. Tengo la sensación de estar en la Sierra de Madrid. El segundo choque me viene cuando llego a Ifrane. Flipo. Parece una ciudad del norte de Europa con sus parques para los niños, fuentes, jardines y chalets de dos y tres plantas. También hay mucha policía y mucho niño pijo, y es que aquí hay una universidad a la que “la elite” de Marruecos envía a sus hijos a estudiar. No es raro ver un “Porsche”. Parece el futuro de Marruecos. En verdad desde que he llegado aquí he tenido la sensación de que Marruecos es en gran parte como España hace 50 años, y esto lo confirma.
Dejo Ifrane aún asombrado y el paisaje se vuelve aún mas frío. Hay nieve por todos lados y estoy helado. Me adelantan dos “Porsche” preparados para una especie de rally clásico. Les sigo, van a toda hostia.
Llegamos a Azrou, una pequeña ciudad conocida por tener un bosque lleno de monos…

12 13Doy mil vueltas y no encuentro el bosque. Así que me marcho hacia Midelt, una ciudad a las puertas del desierto. Al avanzar sólo unos km, encuentro el bosque, y a los monos menos amigables del mundo. Enseñan los dientes y soplan. Les hago unas fotos y sin perder mucho tiempo marcho hacia el Sur, aún me quedan muchísimos km por delante (más de los que imaginaba).

Sigo por una carretera nevada y de repente comienzo a bajar. Aparece delante de mi, sin previo aviso, el Sahara. No es arena, es otro Sahara. Y es que el Sahara esta formado por cuatro clases distintas de paisajes: los mares de arena (erg), los valles de roca (hamada), las planicies de gravilla (reg), y los salares (shatt). He entrado en el valle de roca.
Llego a Midelt, y empieza a sentirse el desierto. Este lugar es famoso por sus fósiles, fósiles de caracolas. ¿Sorprende no? Y es que el Sahara fue un día un gran mar. De hecho, la mayor concentración de fósiles de los antepasados de las ballenas, está en el Sáhara (concretamente en Egipto).

El paisaje es rocoso y seco, no se entiende como alguien pueda vivir aquí. En este tramo desde Midelt a Errachidia me encuentro gente a los lados de la carretera haciendo señas con botellas de agua vacías. Piden dinero, o comida, o cualquier cosa que puedas darles. No me entra en la cabeza. No tengo ni puñetera idea y no puedo juzgar pero, si aquí no hay nada, ¿por qué no se van a otro lugar?¿Qué hace esta gente aquí? La escena es desoladora, me sobrecoge. Gente sin nada ni posibilidad de nada. No hay alternativa ni parecen buscarla. ¿Dónde está el colegio de esos niños? El desierto y las muchas horas que llevo sobre la moto empiezan a afectarme, y mi animo comienza a caer. Quería hacer todo este tramo hoy y ver el Sahara pero ahora lo veo demasiado para mí. Me pregunto qué cojones hago en medio de este desierto, qué ocurriría si me caigo o se me rompe la moto…Son cosas que en algún momento tenían que pasarme por la cabeza. Llegar a Errachidia se me hace un mundo, y cuando llego aún quedan 115km hasta Erfoud y otros casi 100 hasta Merzouga. Me acuerdo de algunos mensajes que me habéis escrito y al llegar a Erfoud comienzo a ver arena. Me vengo arriba. Chillo. ¡Ya estoy aquí coño!

14 15Paso Erfoud y llego a Rissani. Pregunto a varias personas como llegar a Merzouga. Un hombre me explica que el Erg Chebbi, la gran duna donde comienza el mar de arena que todos hemos visto alguna vez en foto, no está en Merzouga. Entonces busco como llegar al erg y un hombre llamado Mohaa me dice tener un hotel en los mismos pies de la duna. Me deja una habitación por unos 20 euros con cena y desayuno. Cuando le digo que me la enseñe, me dice que se viene conmigo en la moto, así que nos vamos los dos montados los 20–30km que separan Rissani de las dunas. Para llegar al hotel hay que pasar por una pisa de arena y las dunas se ven a lo lejos. Impresiona. No puedo creerlo. ¡He llegado!¡He llegado al Sahara! He llegado desde la puerta de mi casa en Madrid en cuatro días. ¡Estoy aquí! Me dan ganas de llorar, soy un poco blando para estas cosas. Estoy muy feliz. Ahora, sentado sobre una duna recuerdo la frase que mi amigo Alex me dijo una vez:
Attitude determines altitude
De corazón, gracias a todos


Sahara

Cuando llegué al Sahara, me impresionó tanto que decidí quedarme una noche más en el “Erg Chebbi”. No tengo muchos planes para hoy así que decido ver cómo se va desarrollando el día.
Desayuno café, aceitunas y pan con mantequilla (me encanta el pan de aquí) y decido subir andando hasta lo alto del Erg Chebbi, la gran duna. La idea pinta bien pero ojo lo que cuesta andar por la arena. Los que habéis estado en el desierto lo sabréis. Subir me lleva más de una hora pero las vistas desde aquí realmente merecen la pena. Desde aquí veo un gran mar de dunas que acaba donde comienza Argelia. A muchos km se ve la carretera que lleva a Mauritania y Sahara Occidental cruzando el Sahara. En la frontera hay militares guardando fielmente la línea imaginaria que hay entre estos dos países. En mitad del mar de dunas, se ve un oasis a donde llevan a los turistas en dromedario a pasar una noche en el desierto por unos 50–60euros todo incluido (podéis ver los tours de Moha en http://saharagatetours.com/es/ ).
Subir aquí arriba ha merecido la pena. Quedarse un día mas en este lugar, también.
El Sahara es el desierto mas grande del mundo, sólo por detrás de los dos polos. Ocupa unos 9.400.000 km2, lo que es más o menos la superficie de los Estados Unidos, o lo que es lo mismo, 18,6 veces España. Dicen que su arena podría cubrir toda la superficie de la tierra con una capa de 20cm. El lugar más cálido de la Tierra también está aquí, en el Sahara, y el lugar donde menos llueve.

16Lo curioso es que esto no fue siempre así. Donde hoy está el Sahara hubo en su día un gran mar. Hace muchos años (no digo cuántos porque ninguno nos hacemos a la idea con esas cantidades), el mar mediterráneo separaba completamente África de Asia y Europa. Este mar se llamaba mar de Tetis y sumergía lo que hoy es el Sahara. Lo que sucedió fue que África, que descansa sobre una placa misma tectónica, comenzó a moverse hacia el norte y chocó contra Europa. La parte norte de África se levantó separando el mar en dos: el Mediterráneo y el Sahara. El Sahara se quedó como un lago tropical cerrado y poco a poco se secó, pero esta es la razón de que hoy el Sahara este lleno de fósiles, de fósiles marinos.
Dicen que en tiempos de los romanos algunas de sus zonas eran aún fértiles, pero el cambio climático lo fue secando todo (sí, el mismo cambio climático del que tanto hablamos hoy en día…).
Bajo las dunas hasta la kashba en la que me alojo, el “Erg Chebbi” que recomiendo una y mil veces. Bajar es mucho más fácil que subir. Su propietario, Moha, me dice que si le llevo a hacer unos recados a Rissani me enseña la zona. Trato hecho. Sin casco se sube en la moto y me lleva a ver el pequeño oasis de Hassilabieb (donde están la mayoría de hoteles de la zona), y a “los negros” de Khamlia. Estos negros son de una etnia llamada Gnaoua, y provienen de África central . Son famosos por su música, una música que tiene mucha fuerza y que mezcla castañuelas, tambores y voz. Estos hacen cada verano un festival llamado Sadaka en el que no paran de cantar durante tres días. En este festival “los negros” invitan a todo aquel que quiera venir a verles, a cous-cous. El problema son los 50 grados que hace aquí en verano…
Tras dar un paseo por Khamlia, pasar a las casas y ver sus hornos de pan, Moha y yo nos vamos a Rissani a ver el mercado. Aprovechando que soy turista nos colamos en un par de tiendas a que nos inviten a té con la pretensión de que yo compre algo (pero tanto Moha como yo sabemos que eso no va a pasar). Lo gratis gusta, también aquí. Después Moha me invita a tomar unos garbanzos picantes con ternera buenísimos, y nos vamos de vuelta a las dunas.
Por el camino un coche nos hace señas de que a unos metros más adelante hay un control de policía. Moha me golpea y me dice que pare: el casco también es obligatorio en Marruecos y él no lleva. Decidimos que él hará autostop y pasará el control en un coche. pero nadie para y son pocos los coches que pasan por esta carretera en medio del desierto. Tras unos minutos decidimos jugárnosla: el plan es pasar rápido por el control. Nos acercamos y vemos un coche parado, tenemos que parar detras. Los guardias se acercan al coche parado pero le dicen que continúe. Nosotros salimos pitando detrás…¡Nos hemos librado! Llegamos las dunas muertos de risa.

17 18Al llegar he hecho unos videos con la moto en las dunas, pesa mucho. Estas BMW no son ni mucho menos una moto de off-road. Me entran unas ganas tremendas de venir con la moto de cross aquí…¡Churre por favor cógete una semana y venimos!
Hoy no planeo mucho más, me siento verdaderamente como en casa con estos bereberes y el desierto. Vamos a hacer una foto circumpolar con las dunas y quiero ver el amanecer desde lo alto del Erg Chebbi mañana por la mañana (tendré que subir las dunas con una linterna).
La verdad me encanta estar aquí, me encanta el Sahara.


Las dos gargantas

La alarma del móvil suena a las 4:52, me levanto y salgo a las dunas. Allí están todas y cada una de las 2.500 estrellas que los humanos podemos ver a simple vista en un cielo decente. Me pongo en marcha con un caminar lento y pesado debido a toda esta arena. Quiero ver el amanecer desde lo alto del Erg Chebbi.
Me pierdo varias veces, la luz de mi linterna no es suficiente para marcarme el mejor camino por la cresta de las dunas. Así acabo bajando y subiendo por las dunas, tratando de llegar arriba. Los que me conocéis sabéis que yo me guío un poco como los pastores, con el sol por el día y las estrellas por la noche. Se que debo mantenerme entre Casiopea y el Escorpión, dejando a mi izquierda a Polaris y a Kochab. Continúo, hace un frío que pela.
Tras una hora consigo llegar arriba y la vista realmente merece la pena. La sombra que deja el Erg Chebbi sobre el resto de las dunas es un triángulo casi perfecto. Decido tomarme mi tiempo y alargar ese momento. Me encanta estar ahí…
Mientras el sol sube y la sombra del Erg Chebbi se encoge, yo bajo las dunas. Una vez en la kashba guardo mis cosas en las maletas y las cargo en la moto. Desayuno fuerte y llevo a Moha hasta Rissani. Allí me despido de él con un nudo en la garganta, me da la sensación de dejar allí a dos grandes amigos: Moha y Mohsin. Volveré lo tengo claro, pero ahora debo marchar a las gargantas del Dades y del Todra.
Me dirijo al oeste y encuentro algunos pueblos que me producen una sensación extraña. Aquí todas las mujeres van escrupulosamente cubiertas por velos negros e incluso me cruzo con varios hombres que llevan su pequeño harén en unos remolques de los que ellos tiran con una motocicleta. Esto me sorprende porque este estereotipo que tenemos de Marruecos y la religión musulmana no es cierto. Pero aquí parece ser verdad.
Poco a poco me voy acercando a unas montañas desnudas y secas, sin ningún tipo de vegetación. Por esta carretera pasan muchas caravanas y autobuses de turistas, y la población de aquí te hace señas para que pares para cobrarte por enseñarte una especie de pozos que tienen.

19 20Cerca de Tinerhir comienza la garganta del Todra. La zona es aún más turística y eso se nota. Te paras con la moto y no suceden las cosas, aquí solo consigues verte rodeado de marroquíes que intentan venderte algo o cobrarte por que te hagas una foto con ellos. ¡Y es que es eso lo que hacen los Occidentales cuando van de viaje! La culpa de verte rodeado continuamente de moscones no es de ellos, sino de los turistas. ¡Es normal que nos vean como bolsitas de dinero andante! Esto me repugna. Otros sólo piden un “exchange”, un trueque, fundamentalmente de una botella de alcohol (que aquí no se vende) por cualquier cosa.

Paro a hacer una foto de estos pueblos de adobe y veo unas 15 BMW acompañadas de una furgoneta oficial. Estos son los famosos tours que organiza BMW por marruecos a un nivel cinco estrellas. Nada puede pasarte y todo esta bajo control, pero te quedas con un ligero sabor de aventura en África. Con todos mis respetos esto sí que es una aventura de pacotilla.
Me adentro en la Garganta del Todra. Verdaderamente impresiona. La carretera fluye junto al río entre unas paredes verticales de piedra de unos 160m de altura. Me sorprende de verdad. La garganta está llena de occidentales escalando y de autobuses llenos de chinos que no paran de hacer fotos. Siempre me he preguntado cuántas fotos puede hacer un chino al día cuando va de viaje.

Hago varios km por la garganta y…¡plin! Se me enciende la reserva… He olvidado repostar. Me paro y no se que hacer. Si continúo puedo quedarme sin gasolina incluso contando con la garrafa de 5 litros que llevo en una de las maletas. La ruta de las dos gargantas?—?Todra (de Tinerhir a Agoudal) y Dades (de Bomalne a Agoudal)?—?son unos 172km. Tengo que volver atrás. Ahora sólo tendría tiempo de hacer lo que hacen la mayoría de los turistas, es decir, un tramo de cada una de las gargantas. De otra forma no llegaría a Ouarzazate antes de la noche.
Pongo gasolina y llego a Boumalne Dades. Busco la segunda garganta y entro en ella. Hay varios km hasta encontrarla pero el recorrido merece la pena. Se circula entre enormes paredes de piedra que dejan pie a un amplio valle en donde se encuentran multitud de pueblos de adobe.
Tras 30km se llega a las famosas curvas del Dades. ¡Son mucho mas grandes de lo que parece en las fotos! Esta es una carretera mítica. Multitud de programas de coches han venido a Marruecos sólo para grabar aquí.

Cuando llego arriba unos franceses me rodean. Me preguntan por mi viaje en solitario y flipan. Flipan mucho y no tengo ni idea de por qué. Se cruzan miradas de sorpresa mientras sonríen, seguro que pensando que qué cojones hará este españolito solo por aquí. Decido aprovecharme y les cuento la bola del siglo: les digo que estoy haciendo un video para BMW y que necesito que me ayuden a grabarme subiendo las curvas del Dades. Cuela. Me voy de allí más feliz que un regaliz. Cuando uno viaja solo tiene que echarle morro a todo y así las cosas salen sobre ruedas.

21 22Ya sólo queda llegar a Ouarzazate. Me esperan 160km de paisaje seco, viento, mucho viento y los conductores más kamikaze de todo Marruecos. Dos veces me encuentro con un coche viniendo de frente porque no había mirado para adelantar. La moto se mueve por el viento, así que me obliga a ir más despacio.
Cuando por fin llego a Ouarzazate y a su enorme oasis, me paro en una acera donde hay aparcadas muchas KTM. Su propietario se llama Peter, un inglés que vive aquí y se dedica a organizar tours de enduro de tres días por la zona a un precio de unos 1000 euros, hoteles incluídos. Su negocio de llama Wildernes Wheels y parece que no le faltan clientes. Tras un rato hablando recuerdo que no tengo hotel y ya se está haciendo de noche. Le pregunto a Peter, que coge una KTM y dice que le siga. Se mete en un cuatro estrellas y le digo que ahí no. Pero él quiere que le deje a él hablar. Me consigue una habitación por 300MAD, menos de 30 euros para mi y para la moto. Peter, ¡eres un crack! Estoy lleno de polvo y una buena ducha se agradece.
Salgo a dar un paseo. Siento que Ouarzazate es el final de mi viaje. Desde aquí quitando Ait Ben Haddou el resto son grandes ciudades, y Marrakech ya la he visto. Me siento más en un viaje de vuelta que en la propia aventura. Esto ya es tan turístico que paras y las cosas no suceden. Echo de menos el Rif y el desierto del Sahara. A aquel pastorcillo del Red Bull, a los niños del burro…voy a echar de menos a Moha y Moashin, los dos bereberes que me hicieron sentir en casa.


Ait Ben Haddou y Marrakech

Me levanto tarde en Ouarzazate. Más bien pienso que aquí amanece demasiado pronto. Tomo un desayuno un poco pobre en el hotel y salgo pitando dirección a Marrakech. Hoy me espera una ruta más corta de lo habitual, la idea es llegar a Marrakech tomando el desvío del Ksar de Ait Ben Haddou. Este ksar (fortaleza) ha sido utilizada para multitud de películas como Asterix y Obelix, El Reino de los Cielos o Gladiator. Es uno de los lugares que más ganas tengo de ver así que voy con muchas ganas.
Circulo rápido y veo una moto delante. Decido acelerar para ponerme cerca suyo. Son dos españoles con los que me había cruzado el día anterior saliendo del desierto. Se desvían hacia Ait Ben Haddou, parecen llevar la misma ruta que yo. Les sigo.
Pasados unos km paran en un arcén desde el que ya se ve el Ksar y yo paro detrás de ellos. Se llaman Sergio y Kirsa, dos chicos muy simpáticos de Valencia que viajan en una Triumph. Decidimos ver el Ksar juntos.
Verdaderamente tenía unas expectativas demasiado altas sobre este lugar. No esta mucho mejor conservado que otros ksares menos conocidos con los que me he cruzado por el camino, y el lugar es un hervidero de turistas. Autobuses de chinos, occidentales quemados como cangrejos, y marroquíes haciendo caja por cualquier cosa. No obstante, es sin duda un lugar que merece la pena ser visto.

23Sergio y Kirsa me cuentan que planean hacer la carretera de los ksares, que ofrece una alternativa más larga (y no asfaltada) a la nacional que lleva a Marrakech. Tienen reserva en un hotel a unos 26km de Marrakech que sólo les ha costado 25 euros por los dos. Estoy muy alegre de rodar con alguien y estos dos valencianos son verdaderamente simpáticos. Decido ir con ellos.
La carretera es una verdadera pasada. El asfalto de la carretera (cuando lo hay) tiene poco más que la anchura de un coche, y el paisaje es verdaderamente alucinante. Sergio conduce verdaderamente bien, y Kirsa parece perfectamente amoldada a la montura. Toma fotos sin parar y ni se inmuta cuando su novio tumba la moto en las curvas.
Salimos a la nacional justo en su paso por el Atlas, la enorme cordillera que se alza sobre Marrakech. Me imaginaba que habría mas nieve y que haría más frío. La carretera es una pasada pero está en obras y llena de camiones. Hay tramos en que uno no hace mas que tragar polvo. A pesar de todo, me siento feliz de rodar con gente. Me siento muy bien rodando con Sergio y Kirsa.
Poco a poco llegamos a la zona donde supuestamente debería encontrarte su hotel. No lo vemos por ningún sitio y estamos en el km 26 de la carretera que sale de Marrakech en dirección Ouarzazate. Preguntamos y damos varias vueltas. Finalmente alguien sabe dónde está, hay que seguir un camino de tierra que circula entre varias casas.
Lo encontramos. Es un Riad llamado Dar Jemour. Su propietario se llama Momo y es un verdadero personaje. Su Riad es una verdadera pasada, tiene piscina y un gran jardín que cuida con esmero. La habitación me encanta. Pero lo mejor, es el ambiente. Momo tiene pequeñas minicadenas con reggaeton distribuidas por su jardín. El tío es un forofo de la música y de los perfumes?—?las dos cosas mas importantes para conquistar a una chica según me dice. Nos invita a un té de bienvenida en su jardín, y marchamos a Marrakech.
Marrakech ha sido una ciudad con una importancia vital en la historia no sólo de Marruecos sino también de Europa. Gran parte de su importancia recayó en el comercio de especias y de azúcar. No obstante su gran fuerte hoy es el turismo. Y es que no hay lugar a dos horas de Europa en avión en que pueda verse un lugar tan vivo como su plaza Jemaa el-Fnaa. Encantadores de serpientes, aguadores, vendedores de dientes, cuentacuentos, hechiceros…en esta plaza puede encontrarse uno con cualquier cosa. Cada cual aporta con lo que mejor sabe al ambiente de esta plaza. Para mí, este lugar es razón más que suficiente para visitar Marrakech un fin de semana.
La plaza, eternamente custodiada por la Mezquita Kotoubia, gemela de la Giralda de Sevilla, es nuestro destino. Queremos meter las motos dentro de la plaza. Sabemos que está prohibido pero nos hacemos los despistados. Una vez dentro varios marroquíes me piden permiso para hacerse fotos con mi moto, les dejo encantado, me hace gracia, ¿debería cobrarles yo por eso también?

24Sergio, Kirsa y yo damos una vuelta por el zoco, compramos unas especias y cenamos en la gran plaza. El ambiente es inmejorable.
Volvemos al hotel de Momo. El tío es un cachondo, nos ofrece vino y nos enseña videos de baile, está dispuesto a enseñarnos a bailar.
Esto me lleva de nuevo a un sentimiento que quiero resaltar. Vine a este país pensando que me gustaría Marruecos pero tenía dudas sobre su gente. Ahora puedo confirmar que Marruecos me ha encantado, pero que su gente me ha enamorado. Es imposible no sentirse arropado en este país.
Creo de verdad que los humanos somos buenos por naturaleza. O eso, o soy la persona con más suerte del mundo.


El hombre más rico del mundo

Entre el cansancio acumulado y las horas a las que me acosté el día anterior, el viernes me levanto muy tarde en el riad de Momo, a las afueras de Marrakech. Desayuno con Sergio y Kirsa a eso de las 9 y pasamos un tiempo con Momo, el cual está decidido a enseñarnos los perfumes que él mismo hace intentando imitar a los de las grandes marcas. Yo marcho mientras que Sergio y Kirsa se quedan. Ellos juegan con más tiempo ya que no tienen intención de parar en Casablanca y además, ya tienen reserva en un hotel de Rabat.
La carretera que lleva de Marrakech a Casablanca no tiene nada que ver con lo que he visto hasta ahora. Casablanca, tampoco. Casablanca es un baño de humildad para cualquier ciudad Europea. Es moderna y diría que tanto o más que Madrid. Sus habitantes mantienen una actitud pasota el uno con el otro tal y como ocurre en las ciudades europeas. Aquí nadie intenta venderte nada y no es una ciudad corrupta por el turismo. Me sorprende el número de occidentales que veo y estos ni llevan cámara ni tienen cara de perdidos, son de aquí.
Sin embargo desde el punto de vista turístico Casablanca tiene poco que ofrecer. Su principal atractivo es la Mezquita Hassan II, construida por el padre del actual rey, Mohamed VI, quien decició que la capital economico-financiera del país merecía una mezquita acorde a su estatus. Esta es la mezquita más moderna del mundo y su emplazamiento junto al mar es verdaderamente privilegiado.

25Abandono Casablanca y me dirijo a Rabat, la capital de Marruecos. La sensación es la de entrar en una urbe gemela a Casablanca con la diferencia de que Rabat sí tiene una medina o ciudad vieja (ya que la vieja medina de Casablanca quedó destruida en un terremoto en 1755).
No tengo planeada ninguna visita en Rabat así que decido empezar a buscar alojamiento. Recuerdo el nombre del hotel en que Sergio y Kirsa se alojarían y me dirijo allí. Cuando llego les encuentro felices con su habitación. Su hotel es un riad bastante espectacular, sin embargo, no tienen habitación para mi. Recorro la medina y tras ver cinco hoteles todos están llenos. Recojo la moto y sigo buscando: todo lleno. Tampoco en hoteles con precios estratosféricos tienen un hueco…¿Qué cojones pasa aquí? Al parecer el rey Mohamed VI planea dar un discurso político muy importante y gente de todo Marruecos ha ido a Rabat a escucharlo. Empiezo a verme mal y en esta zona de Marruecos tampoco está permitido acampar (ni es recomendable). Desde uno de los hoteles en que pregunto llaman a varios otros en Rabat y en Kenitra, una cuidad al norte. No hay suerte. La situación parece surrealista.
Se está haciendo de noche, y en mi búsqueda paro en una rotonda a hablar con unos musulmanes a ver si ellos saben dónde hay más hoteles. Uno de ellos que se encuentra sentado sobre su scooter, decide acompañarme a visitar unos cuántos que él conoce. Y no, tampoco hay suerte. Es de noche y mi única solución es llegar a Tánger, unos 250km al norte. A pesar de no entendernos (él habla francés y árabe y yo inglés y español) Mohamed intenta evitar que me vaya y hace varias llamadas más. Mohamed me inspira confianza, es una de esas personas buenas de verdad. Tras varias llamadas sin suerte me ofrece quedarme en su casa. Mi primera reacción es de agradecimiento pero no puedo aceptarlo. Mohamed me insiste: “C’est le Islam” me dice, “este es el Islam.”
Me lo está diciendo de corazón así que tras un rato decido aceptar. Le sigo hasta un barrio humilde a las afueras de Rabat, a orillas del océano. Los vecinos me reciben con los brazos abiertos. En su casa me encuentro con sus dos hijos, Aya y Abdprahime los cuales no paran de sonreir.
La vivienda es pequeña pero tiene lo necesario. Mohamed y los niños se vuelcan conmigo y me ofrecen té, bollos y unas salchichas. Yo me siento descolocado y sorprendido por lo que está haciendo por mí esta gente. No nos entendemos por lo que usamos Google traductor para poder comunicarnos. Mohamed me habla sobre su familia, su trabajo como taxista y sobre el Islam. Un amigo de la familia llamado Ayoud viene a vernos. Dice ser médico y DJ. Los niños son muy alegres. Arya es muy inteligente y me enseña sus libros de matemáticas y su habilidad para cantar el corán. Abdprahime es un trasto de seis añitos.
Cierro los ojos asimilando la situación, dándole vueltas a todo. Sobre las 8:30 de la mañana todos nos ponemos en marcha. Preparan uno de los desayunos más variados que uno haya podido ver en su vida: bollos, pan con mantequilla y mermelada, huevos y una especie de creps salados llamados rghaif.
Cuando llega el momento de despedirme se me hace un verdadero nudo en la garganta. Los niños juegan con mi casco y la moto. Esta familia marroquí me ha tratado como a uno de los suyos, y de verdad. Mohamed coge su taxi y me guía hasta la carretera. Me despido de él entre grandes abrazos y se niega a aceptar el dinero que le ofrezco en compensación, tal y como si hubiera dormido en un hotel. Me doy cuenta de que no debería haber hecho eso: “eres un torpe y un melón Jaime”.
Me alejo dirección al norte. Mohamed me encontró sin un lugar donde pasar la noche y me llevó a su casa tratándome como a uno más de su familia. No me conocía de nada y ni siquiera teníamos una lengua común. Pero me llevó con su familia, me dio de comer y me dedicó mil y un sonrisas. Me muero de rabia. ¿Habríamos hecho nosotros lo mismo con un marroquí en nuestro país?

26El mundo que nosotros llamamos desarrollado no es más que la decadencia de la propia humanidad. No es sólo que ninguno de nosotros hubiera hecho eso, atiborrados como estamos de nuestro propio egoísmo, no. Es que encima nos sentimos libres de criticar a la cultura musulmana y a los “moros”. Forjamos una opinión sin tener ni idea. Desde que he llegado a este país no he parado de escuchar “bienvenido”, de ver sonrisas y de recibir ofrecimientos de ayuda incluso cuando paraba en un arcén a hacer una foto. No he parado de ver a gente intentando hacer que me sintiera mejor que en mi casa.
El mundo hay que verlo con los ojos de uno mismo. Hay que mojarse y salir del cristal blindado que suele rodear al turista.
Esto me lleva a un último pensamiento: hacer un viaje así es posible y es posible gracias a la gente que uno encuentra en su camino. Personalmente pienso que por una razón o por otra tengo mucha suerte. Abuelillo de Chefchaouen, pastorcillo del Red Bull, niños en burro, gentes del desierto, Moha, Mohsin, bereberes de Rissani, Sergio, Kirsa, Momo, Mohamed…aveces tengo la sensación de que le he caído en gracia a alguien de ahí arriba y siempre me manda a alguien como ellos cuando lo necesito. Aveces pienso que alguien me envía a gente como ellos cuando me siento sólo o cuando me falla la confianza en mi mismo.
Esas veces me siento intocable. Esas veces me siento el hombre más rico del mundo.

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